“Leer no es habitar una historia ajena, es encontrar las palabras exactas para nombrar el propio silencio. No buscamos solo relatos, buscamos las palabras que nos faltan para entender quiénes somos. Los libros son puentes sobre la soledad que nos permiten volver a casa, a nuestra propia piel, un poco más curados y mucho más nosotros”.
Así se presenta Camila Morana y así nos permite dar paso a la entrevista que le hemos realizado hace unos días atrás a ella, Bookstagram y apasionada por la lectura, ese tiempo que considera innegociable en su día a día.
A continuación entonces, les compartimos dicha entrevista para conocer aún más a esta hacedora de la literatura.
HT: Vayamos comenzando la entrevista si te parece, con una curiosidad; y es la siguiente: ¿Cómo surge el vínculo de Camila Morana con la lectura y su desenlace en ser Bookstagram?
CM: Mi vínculo con la lectura nació, ante todo, como un mecanismo de defensa. En medio de una infancia atravesada por momentos personales complejos, los libros se convirtieron en el refugio más cálido que pude construir, eran ese único lugar donde el ruido del mundo exterior finalmente se silenciaba. Recuerdo que ese amor era tan visible que, a los diez años, me hicieron una entrevista para el Canal de la Ciudad donde contaba por qué leía y qué mundos descubría. Ver el orgullo en los ojos de mi familia en ese momento me hizo entender que leer no solo me salvaba a mí, sino que también era el hilo invisible que me conectaba con los que amaba.
Me pasaba los recreos en la biblioteca, no por obligación, sino por puro deseo de habitar otras vidas. De hecho, formé un grupo de lectura con el que narrábamos historias a nenes de jardín, íbamos a otras escuelas e incluso a geriátricos. Esa experiencia me marcó muchísima, recuerdo haberme largado a llorar frente a los abuelos teniendo menos de diez años, simplemente por la conmoción de ver cómo una historia podía conectar a dos generaciones tan distantes a través de la emoción. Después de un bache necesario en la adolescencia, a principios de 2025 miré mi biblioteca y sentí una nostalgia punzante. Extrañaba la sensación de salir de la realidad por un ratito y meterme en mil historias donde todo es posible. Abrí Bookstagram buscando esas conexiones que sentía de chica, buscando gente en Buenos Aires que compartiera mi sensibilidad. Lo que empezó como un perfil en redes hoy es algo mucho más humano y tangible: dos grupos de club de lectura que son, por sobre todo, espacios de pura dulzura, contención y pasión.

HT: Antes de ingresar de lleno a la entrevista; ¿Nos comentarías como es un día normal en tu vida?
CM: Un día normal en mi vida es, básicamente, un ejercicio constante de equilibrio. Trato de proteger mis espacios de calma en medio del caos cotidiano, lo cual no siempre es fácil. Trabajo mucho y, para ser honesta, este año fue un desafío particular porque tuve que «reaprender» a encontrar el tiempo para leer. Me pasaba de llegar a casa agotada y sentir que el cansancio físico le ganaba al deseo de abrir un libro, pero en el fondo sabía que necesitaba ese escape para volver a ser yo misma. Me di cuenta de que, si no me hacía el espacio, iba perdiendo mi esencia en la rutina.
Por eso, hoy mi ritual de lectura es innegociable, leo para bajar revoluciones, para desconectar del celular y de las obligaciones. Casi siempre leo acompañada por mi gata, que es mi gran cable a tierra; su presencia silenciosa y tranquila me ayuda a estar presente y a disfrutar del silencio de la casa. Con Bookstagram estoy volviendo de a poco, respetando mis tiempos laborales y emocionales, porque es algo que me apasiona y no quiero que pierda esa chispa de autenticidad por la presión de los algoritmos. En mi rutina busco ese momento de introspección para conectar con lo que estoy leyendo y pensar en cómo transmitirlo. A veces surge un guion estructurado porque quiero ser precisa con lo que sentí, y otras veces simplemente prendo la cámara y dejo que la emoción del capítulo que acabo de cerrar sea la que hable por mí, de la forma más genuina posible.
HT: Reseñar un libro lleva su tiempo… ¿Cómo es tu proceso de elección del mismo y su posterior análisis?
CM: Mis lecturas las elijo de forma totalmente visceral, no sé hacerlo de otra manera. No sigo modas ni lo que «debería» estar leyendo; me muevo por lo que el cuerpo me pide, por lo que necesito «curar» o sentir en ese momento exacto de mi vida. Siento que cada libro llega cuando tiene que llegar. Durante la lectura, mi análisis empieza siempre con un post-it, voy buscando esa oración, ese párrafo que me genera un movimiento interno, una identificación o una cuota de ternura que me obliga a frenar. Me fascina el concepto del libro intervenido; para mí, un libro con marcas, rayones o papeles es como asomarse al alma de quien lo leyó. Es entender qué le dolía, qué la hacía feliz o qué la hizo sentir menos sola en ese instante.
Lo más curioso de mi proceso, y lo que más me cuesta, es reseñar justamente los libros que más amo. Cuando una obra me atraviesa por completo, siento que las palabras se quedan cortas, que son chiquitas para explicar la inmensidad de lo que sentí. Es un desafío enorme tratar de traducir un sentimiento puro a un post de Instagram. Por eso mis reseñas no buscan ser una crítica académica ni nada sofisticado, busco ser esa amiga que te cuenta, con total honestidad, cómo ese libro la acompañó a transitar un día difícil.
El proceso sigue después con la parte visual, elijo la música que me hacía sonar el libro en la cabeza, los colores que me transmitió y la atmósfera justa para que, cuando alguien vea el post, pueda entrar un poquito en ese universo. Quiero que vibren en mi misma sintonía, que sientan ese mismo abrazo que yo sentí al cerrar la última página. No se trata de vender un libro, se trata de compartir un pedacito de lo que me pasó mientras lo leía.

HT: Siguiendo con lo anterior te preguntamos ¿Cuál es tu género favorito? Y ¿Qué género solés no seleccionar?
CM: Mi lugar en el mundo es, sin ninguna duda, el romance contemporáneo y esa ficción que se anima a explorar la fragilidad de los vínculos. Me pierden las historias que tienen la capacidad de estrujarte el corazón y dejarte pensando por días, esas que leés y sentís que la autora te estuvo espiando el alma. Es lo que me pasa, por ejemplo, cuando leo a María Martínez o a Andrea Longarela, son autoras que manejan una sensibilidad muy especial y que saben retratar las emociones de una forma tan real que es imposible no sentirse identificada.
De chica empecé por otro lado, estaba fanatizada con la fantasía y con Harry Potter, y también consumía muchos autores argentinos que me despertaron ese gusto por nuestra propia narrativa. Pero hoy, mi búsqueda va por el lado del realismo emocional. Busco historias donde pueda verme reflejada, donde encuentre respuestas a mis propias preguntas o, por lo menos, nuevas formas de entender lo que me pasa.
En cuanto a lo que no elijo, la verdad es que no le hago un rechazo absoluto a ningún género porque creo que cada libro tiene su momento y su estado de ánimo. Pero sí suelo esquivar aquello que siento «frío», o que noto que está escrito de una forma muy técnica pero sin alma. Para mí, como te decía antes, la lectura es un refugio, y si una historia no me conmueve profundamente o no me genera ese fuego interno, prefiero dejarla pasar. No leo por obligación, ni para quedar bien, ni por compromiso social. Leo por placer y por necesidad emocional, y soy muy fiel a esa regla; me parece que es la única forma de mantener la honestidad y la transparencia con la gente que me sigue en mi cuenta.
HT: Preferís más ¿La lectura en papel o electrónica?
CM: Papel, mil veces y sin dudarlo. Para mí la experiencia de lectura tiene que ser sensorial para estar completa; si no, siento que me falta algo. Necesito sentir el peso del libro en mis manos, el olor de las hojas cuando lo abrís por primera vez, la textura del papel y esa posibilidad física de intervenirlo, de llenarlo de marcas, de flores secas que guardé algún día o de recuerdos que quedan ahí entre las páginas. Un libro físico es como un diario íntimo de quien lo leyó; el mío tiene mis marcas, mis post-its y hasta las arrugas en el lomo de tanto abrirlo y cerrarlo.
Me parece hermoso pensar que un libro en papel es un objeto vivo que envejece con nosotros. No guarda solo una historia de ficción; guarda el registro de quiénes éramos y qué estábamos viviendo mientras pasábamos esas hojas. A veces abro un libro que leí hace años y, al ver una anotación mía, me acuerdo perfectamente de qué sentía en ese momento de mi vida. Eso el digital no te lo da. Entiendo que el e-book es una herramienta súper práctica para viajar o para cuando no tenés espacio, pero para mí nada supera la sensación de cerrar un libro físico después de una última página que te dejó sin aliento. Es quedarte abrazada a él un ratito, en silencio, procesando el final y dejando que la historia termine de bajar. Es un vínculo físico que, para mí, es irremplazable.

HT: En su mayoría; ¿Los libros que reseñás son comprados o tenés algún acuerdo con alguna editorial?
CM: Mi biblioteca es, ante todo, el reflejo de un esfuerzo compartido y de muchísimo amor. Si bien hoy tengo la alegría de empezar a colaborar con algunas editoriales que admiro un montón —como es el caso de VR Editoras, con quienes empecé a trabajar hace muy poquito y estoy fascinada porque tienen títulos que me tienen enamorada por su sensibilidad—, la realidad es que la gran mayoría de mis libros llegan a mí gracias a mi familia.
Quiero aprovechar este espacio para agradecerles profundamente, porque ellos son los grandes patrocinadores de mi pasión desde que era chiquita. Mi mamá y Migue, la pareja de mi mamá que es como mi papá, son quienes siempre están ahí, al pie del cañón, comprándome los libros que deseo y apoyando mi hábito incondicionalmente, incluso cuando las estanterías ya no dan más. También mis abuelos, que constantemente me sorprenden regalándome ejemplares y alimentan mi biblioteca con una generosidad que me emociona cada vez.
Gracias al apoyo de ellos tengo la libertad de elegir qué quiero leer y qué quiero compartir con mi comunidad sin presiones. Mi cuenta nació de una pasión que es cien por ciento genuina, y me esfuerzo mucho para que cada recomendación se sienta igual de real, sea un libro que me regalaron ellos o una colaboración editorial. Para mí, lo que importa es la historia y cómo me atravesó.
HT: Nosotros somos un medio enfocado en lo teatral y es por eso que nos sirve saber si Camila Morana ¿Tiene o no, algún contacto con el mundo teatral?
CM: Para mí, el teatro y la lectura nacen exactamente de la misma raíz: ese deseo profundo de contar una historia para no estar solos y la necesidad de representar lo que sentimos. De chica, cuando iba a narrar cuentos a geriátricos o escuelas, me convertía en una pequeña actriz sin saberlo. Hacía gestos, cambiaba la voz, ponía todo el cuerpo para que esos abuelos o esos nenes se transportaran conmigo a donde la historia los quisiera llevar. Aunque soy vergonzosa en mi vida cotidiana, cuando me apasiono por un relato esa timidez desaparece por completo y siento que «actúo» la emoción de los personajes. Es como si el libro me prestara su valentía.
Además, tengo un vínculo muy fuerte con la creación escrita que va mucho más allá de las reseñas en redes. El año pasado escribí un poemario dedicado a alguien que quise mucho en ese momento; fue un proceso hermoso de volcar un sentimiento muy puro y real en el papel, transformando ese amor en arte. Actualmente, también estoy trabajando en mi propio libro, una historia que guardo con mucho anhelo y que vengo madurando con cuidado; espero poder publicarla cuando me sienta realmente lista para soltarla al mundo.
Escribir, para mí, es exponer el alma en un escenario hecho de palabras. Siempre sentí que autoras como Alejandra Pizarnik, que tanto me gustan, manejan una «teatralidad del sentimiento» muy cruda, y eso es lo que yo busco tanto en los libros como en la vida. Al final del día, el teatro es la lectura hecha cuerpo, es la historia cobrando vida frente a nosotros.

HT: ¿Cómo hacen nuestros lectores para conocerte aún más como Bookstagram? Y si querés agregar algo más…
CM: Los invito a sumarse a mi comunidad en Instagram @subrayadadeamor, un espacio donde compartimos lecturas pero, sobre todo, sentimientos y nos acompañamos en lo que nos pasa a través de las historias.
Para cerrar, me gustaría decir que, si esa nena de diez años que lloraba leyendo en un geriátrico pudiera verme hoy, estaría inmensamente orgullosa. Estaría feliz de saber que, a pesar de los años, de las responsabilidades de adulta y de los momentos difíciles, no perdió su refugio. Pienso mucho en mis abuelos y en mi bisabuela, Argentina, una mujer que lo daba todo por su comunidad; formar mis clubes de lectura es, de alguna manera, mi forma de honrar ese legado de unión y servicio que ella me dejó. Siento que, a través de los libros, sigo su camino de juntar gente y generar espacios donde nadie se sienta solo.
Quiero agradecerles de todo corazón a las chicas de mis dos clubes de lectura, porque son lo más; ellas son las que le dan sentido a todo este esfuerzo y las que me demuestran día a día que la lectura compartida es muchísimo más poderosa y sanadora que la lectura en soledad. Y, por supuesto, nada de este regreso hubiera sido posible sin mi red de contención: mi mamá, Migue, y mis amigos más cercanos. Ellos fueron quienes más me impulsaron a confiar en mi proyecto cuando yo misma no podía verlo, los que me recordaron que tenía algo valioso para contar. Gracias por este espacio; me hicieron recordar que los libros son, definitivamente, esos puentes que nos salvan de la soledad y nos devuelven la esperanza.
Solo nos queda desde Hendidura Teatral, agradecerle una vez más a Camila Morana el tiempo y dedicación para con nuestro medio y desearle el mayor de los éxitos en sus proyectos.
Muy pronto estaremos con una nueva entrevista. Hasta pronto.
